Una tarde cualquiera entre semana de alguien con televisión por cable en Guinnesslandia: la colada en la lavadora, la semifinal de la Copa Escocesa en un canal (St Johnston e Hibernians están en la prórroga), la semifinal de la Copa de la Liga inglesa (Arsenal y Tottenham también en la prórroga) en otro y esperando que acabe el partido para que pongan en diferido el Barcelona-Zaragoza de Copa.
Lo normal en esta parte del mundo. ¿Qué mejor que darle al blog para hacer tiempo antes de sacar la colada?
Dejo lo de las pajas en la literatura autobiográfica de maduritos para otro día y entro directamente en cine.
Lo primero, oí que Corbacho estuvo muy bien en la gala de los Goya y que este año no hubo autorreivindicación de lo buenos que somos los cineastas y las subvenciones que nos merecemos y no nos llegan. Ya era hora de algo nuevo. Lo otro no sólo cansaba, sino que era contraproducente.
Como me gustan las películas de boxeo, fui a ver Rocky Balboa. Una saga que cada vez se supera haciendo peores películas. En esta ni siquiera han cuidado las imágenes del combate o lo han convertido, directamente, en una transmisión de televisión. El product-placement del casino on-line que aparece en el combate es cualquier cosa menos disimulado. De todos modos, todo queda eclipsado por la estupefacción de ver a un Stallone que parece un sharpei (o como se escriba) de las arrugas que se gasta. El final, no obstante, tiene cierto toque de despedida digna. Lo mejor que he visto últimamente en películas de boxeo, para mi gusto, ha sido Cinderella Man. Mejor que Million Dollar Baby y sus dilemas morales.
Pero dejemos los entremeses y vayamos al plato principal. The Last King of Scotland, una película muy recomendable que vi hace algunas semanas sobre la prácticamente olvidada dictadura de Idi Amín en Uganda. La verdad es que del tal Amín sólo conocía su fama de sanguinario de los crucigramas y alguna leyenda urbana que hablaba de sus carreras de natación y su pasado como boxeador.
Un tipo populista, simpaticón, con pasado vinculado al ejército británico, pero que es un auténtico sanguinario y un irresponsable. Un Chávez, pero en asesino. Hay una escena fantástica en este sentido: Amín pregunta a su médico por qué no le advirtió de un error de su política. El médico le dice que sí se lo advirtió, pero Amín responde: "Sí, pero no me persuadiste".
Y, del otro lado, un médico caradura escocés aficionado a las mujeres casadas que disfruta la buena vida hasta que se da cuenta de dónde se ha metido.
Una historia desconocida, en un país desconocido, en un ambiente que sorprenderá a muchos y que termina con el público agarrado al asiento.
Pero, sin duda, lo mejor de todo, lo que más me llamó la atención, es la interpretación de Forest Whitaker. Es tan chocante que al volver a casa busqué vídeos del verdadero Amín en YouTube y quedé aún más asombrado por el parecido y la manera de meterse en el personaje.
Id a ver la película. Os impresionará tanto la historia como el personaje.
Yo os dejo aquí el trailer y el vídeo del Amín original. No dudéis en volver a buscarlo una vez que hayáis visto la película y comparad. Os quedará aún más marcada.
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