27 de diciembre de 2006

Un fantástico vídeo musical

He desatendido el blog en las últimas semanas. Compromisos obligados y Navidades varias me han llevado a ello. No prometo volver a ser muy constante escribiendo, pero sí que me gustaría seguir escribiendo post de vez en cuando.

Estoy otra vez en Guinnesslandia después de una frenética semana en España. La oficina está vacía y en la televisión tengo la liga inglesa, que no para por Navidades (ahora tengo de fondo un Charlton-Fulham), además de la ración diaria de Los Simpsons, South Park y alguna cosa más. Sigo buceando por los mundos del You Tube y cada vez me quedo más maravillado de lo que encuentro. No me preguntéis por qué, pero ayer me dediqué a buscar episodios de sadismos contra furbies y me encontré con dos gilipollas que le prendían fuego al pobre bicho y otro experimento científico que consistia en meter a un furby en un microondas.

Nada más volver a este país me encuentro con una compañera de trabajo indignada porque, según ella, no ha habido servicio de trenes los días 25 y 26. Es decir, que ningún tren ha funcionado en Irlanda durante esos dos días. Soy un poco escéptico respecto a esa información, pero me lo puedo creer y no me sorprende nada. Guinnesslandia es un lugar que económicamente ha crecido mucho, pero en el que los servicios y prestaciones no han crecido al mismo ritmo que sus habitantes.

Ejemplos:

Me cuentan que las escenas en el diminuto aeropuerto de la capital durante los dos días previos al fin de semana de Navidad fueron dantescas (yo salí un día antes y la aglomeración era ya notable).

La banda ancha es patética. Se ofrecen paquetes con poca velocidad, a precio de oro y, muchos de ellos, con límite de Gbs descargados. Yo tengo, por ejemplo, una conexión de 512 Kbs (aunque, curiosamente, con la misma velocidad de subida que de bajada). El único punto positivo, la existencia de operadores wireless.

El transporte público, pésimo. Sin metro, con dos líneas de tranvía que no están conectadas, con autobuses que pasan poco y mal.

La basura la recogen sólo una vez a la semana.

En fin, que dinero hay para arreglarlo. Lo que falta ahora es tiempo para ejecutar las obras y las mejoras. El proyecto del metro ya está sobre la mesa, por ejemplo. Y en el aeropuerto se ven obras.

Bueno, después de esta introducción, a lo que realmente iba:

YouTube es una joya para encontrar videoclips y pequeños fragmentos de programas. Es impresionante ver el esfuerzo que voluntariamente han hecho miles de personas en recopilar imágenes de la televisión y subirlas a Internet sin percibir nada a cambio. Gracias a ellos, tenemos una excepcional videoteca al alcance de todos desde nuestra casa.

Más adelante haré post específicos de mis descubrimientos en YouTube, pero hoy, como muestra, os quiero enseñar la siguiente maravilla de video musical que no deja de sorprenderme cada vez que lo veo.

Se trata del "Imitation of Life" de REM. Un vídeo de varios minutos compuesto únicamente por fragmentos de una escena que dura apenas 10 ó 15 segundos. Vedlo mil veces e intentad imaginaros el total de la escena. Apreciad esta joya, vedlo varias veces y dadme vuestra opinión.



Por cierto, la semana pasada se murió el dictador que regía los destinos de Turkmenistán. Un tipo desconocido, que sólo salía en la prensa cuando cometía sus excentricidades, que -por cierto- han sido lo más napoleónico que he oído en mucho tiempo. A ver si dentro de unos días os puedo poner algo interesante sobre él.

7 de diciembre de 2006

¿Qué fue de Tamara y su troupe?

Tengo una visita en casa que me ha mostrado un vídeo que no sé si da más risa, vergüenza ajena o pena.

Leonardo Dantés cantando una canción que se llama "El miembro viril"



Esto me hace reflexionar: ¿Qué ha sido de Tamara y toda su troupe que hace tiempo pululaban por platós y revistas del corazón y nos entretenía a todos con unos culebrones surrealistas?

Pasó a mejor vida. Una moda que acabó y de la que sólo nos ha quedado una tipa que ha cambiado de nombre y ya no vende su vida, sino sus desgracias.

Eso sí, si nos paramos a pensar en qué ha ido a parar la televisión del corazón ahora, casi podemos pensar que era mejor lo de Tamara. Es verdad que era una historia de gente con pocas luces y menos argumentos, pero por lo menos era una televisión amarilla que incluso podríamos definir como inocente, con unos personajes que estaban completamente alejados de la vida real y que reaccionaban con buen humor y gracia cuando se enfrentaban con las cámaras.

Antes nos quejábamos tanto de la calidad de aquella telebasura. Hoy quizá deberíamos volver la vista atrás y pensar en aquellos pobres diablos de probable buen corazón que nos divertían con sus intrigas absolutamente alejadas de la realidad. Si exceptuamos, claro, el vergonzoso Hotel Glam.

Hoy, en cambio, nos inundan con historias de cama, culebrones corrupto-amorosos y cotilleos sobre perfectos desconocidos que han ido a la televisión a sacar su historia más amarga. Toreros, aristócratas, actores caídos en desgracia...

Me quedo con Tamara y su troupe.

Pero lo realmente preocupante no es que hayamos llegado al punto en el que estamos ahora. Lo peor de todo es que, en la época de la troupe de Tamara pensábamos que era imposible caer más bajo. Hoy volvemos a pensarlo... Pero la experiencia anterior nos debe enseñar que igual aún, aunque lo creamos, no hemos tocado fondo. ¿Qué será lo próximo?