Hoy he ido a ver Borat.
Hacía un tiempo infernal, pero tenía ganas de verla. Y más aún después de que el sábado mi hermano y yo nos coláramos en la sala donde la estaba poniendo para hacer tiempo antes de entrar a ver Casino Royale, y nos encontráramos escenas auténticamente hilarantes.
Es, posiblemente, una de las películas más surrealistas y delirantes que he visto en los últimos años. En muchas escenas sentí auténtica vergüenza ajena y en otras muchas me reí brutalmente. La escena del rodeo, la de la pelea en el hotel o la de la cena sureña son absolutamente antológicas. Sí, es cierto, es un humor absolutamente chusco, de mal gusto y escatológico, un humor de los instintos más bajos del cuerpo. Pero como no pretendo ser ni sofisticado, ni intelectual, ni políticamente correcto, diré que ese humor de alcantarilla me ha hecho reir. Y punto. A quien no le guste, que no lo compre y se siga riendo con guiones hechos por pijos alternativos de gafas de montura de pasta y camisetas de presidiario que viven en el ático que papá les ha comprado en La Latina.
En fin, que este no pretende ser un post de cine, pero sí tomarlo como punto de partida para otras cosas, así que sigamos con el tema que nos ocupa.
Para quien no lo sepa, la película va de un reportero de la televisión de Kazajstán que viaja a Estados Unidos a hacer un reportaje para dar a conocer la cultura de su país. El personaje pretende ser gracioso gracias a una tremenda ridiculización de su supuesto país de procedencia: casas deprimentes, coches conducidos por niños y tirados por caballos, una hermana prostituta, una mujer horrible, un desprecio horrible a gitanos, judíos y mujeres y un comportamiento ridículo. La idea de la película es llevar a Borat, que así se llama el angelito, a Estados Unidos, y aprovechar al máximo el choque cultural para crear situaciones inverosímiles.
Juzgar por vosotros mismos:
El tema es: la imagen que se da de Kazajstán es horrible: un país tercermundista, antisemita, rural, atrasado... Total, una auténtica humillación para un país como Kazajstán, que supongo que querrá ir por el mundo como todos: en plan dinámico, moderno e innovador.
Por cierto, consejo valiosísimo: ID A VERLA EN VERSIÓN ORIGINAL.
Recuerdo que tuve un profesor de comunicación que comentaba que lo importante era que se hablara de uno y no pasar desapercibido, incluso aunque fuera para mal. No sé qué pensarán los kazajos después de la película.
Porque es cierto que la imagen es desoladora, pero gracias a la película millones de personas en todo el mundo van a conocer la existencia de un país llamado Kazajstán. Y no sólo eso, sino que gracias a la película sabrán que su alfabeto es el cirílico, cómo es su bandera, cuál es si situación geográfica e... ¡incluso que es el primer exportador de potasio!
Así que, ¿qué supone Borat para Kazajstán? ¿Es una humillación mundial para este enorme país asiático o es una fantástica oportunidad para que millones de personas conozcan su existencia?
Uno de los fundamentos y de los objetivos de la comunicación de crisis es tener la posibilidad de dar la vuelta a la tortilla y saber convertir una situación originalmente negativa en una oportunidad para dar a conocer la parte positiva de la parte afectada.
Borat da un golpe tremendo a la imagen mundial de Kazajstán entre la población de a pie (evidentemente, la percepción del mundo económico o político no va a cambiar porque salga un tipo diciendo burradas sobre el país), pero ha dado a conocer a millones de personas en todo el mundo que hay un país en Asia Central que se llama Kazajstán, ha abierto su curiosidad y les hará receptivos a cualquier información adicional que les llegue de ese país.
Así que la humillación y la ridiculización que Borat hace de Kazajstán puede haberse convertido en la mejor oportunidad que este país haya tenido para lanzar una promoción para darse a conocer en todo el Mundo.
Aún así, hay gente que sigue pensando que este tipo daña irremediablemente la imagen de Kazajstán en el Mundo. ¿Qué opináis?
Por si os sirve de ayuda, en España tenemos el ejemplo de Lepe (¡una ciudad ridiculizada eternamente, pero conocida en toda España!), o el caso del fantástico personaje de la serie inglesa Fawlty Towers, Manuel, un camarero histriónico, pero entrañable, que iba paseando por un pequeño hotelito de la costa británica que él era "frrrrrrrrrom Barcelona".
Fuera del tema de la semana, puedo adelantaros que el sábado me pusieron el cable y ya puedo ver los partidos de la liga española en casa.
De lo que más me asombró entre las cosas que esta jornada semana es cómo está la afición del Sevilla y cómo ponían los pelos de punta al oír cantar a todo el estadio el himno del centenario. Por cierto, magnífica la explotación comunicativa que hizo este club del centenario. Tuvo la suerte de que los resultados deportivos le respaldaron, pero el logotipo y el himno del centenario han sido un éxito tremendo y parece que han venido para quedarse. ¿Quién se acuerda del centenario del Barça? Y del centenario del Madrid parece que sólo sobrevive, a muy duras penas, aquel himno de Nacho Cano que canta Plácido Domingo.
Este equipo es un caso de estudio. Hace menos de diez años estaba en segunda división y el presidente tuvo que poner de su bolsillo dinero para comprar balones para el filial y ahora es todo un ejemplo a seguir deportiva y económicamente. Igual otro día le dedico algunas líneas.
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1 comments:
Creo que deberian hacer un homenaje a Borat.Asi demostrarian sentido del humor.
El tio ha puesto Kazajstan en el mapa. Un estado joven que ni Cristo sabe donde esta o que es, este tio lo ha puesto en oidos de medio mundo.Ha hecho que el nombre de Kazajstan le suene a la gente y ademas lo asocie a algo qie les hizo pasar un buen rato.
Solo los muy gañanes olvidaran que es un personaje creado por un comico britanico o creeran que Kazajstan es realmente asi.Si alguien es tan cretino como para creerse la pelicula, no vale la pena hacer un esfuerzo por explicarles la verdad.
Baron Cohen ya les ha hecho la parte dificil, hacer que el mundo sepa que Kazajstan existe. Ahora de los kazajos depende satisfacer la potencial curiosidad o interes que la pelicula haya despertado por su pais.
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